La Fundación
Hoy, a través de la Fundación Cultural Crítica y Celebración, mantenemos el compromiso de establecer puentes entre voces y miradas múltiples, abriendo espacios para el diálogo y el pluralismo.
Corren tiempos complejos y extraños. Vivimos híperconectados y, al mismo tiempo, cada día más separados. Habitamos ciudades globalizadas donde el desánimo y el descontento conviven con el ánimo y la esperanza. Paradojas del mundo actual, donde la información constante y ubicua dificulta escuchar lo que realmente importa.
A casi cuarenta años de su creación como programa, Crítica y Celebración tiene más sentido que nunca: es necesario dar lugar a la conversación alegre, pero seria y sobria, sobre las grandes preguntas de la sociedad contemporánea.
Crítica y Celebración es un espacio donde la diversidad de pensamientos se convierte en un puente para la comprensión mutua. Con el apoyo de la Escuela de Arquitectura y la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos UC (Fadeu), buscamos dar lugar a conversaciones que, desde nuestras diferencias, propician la reflexión y el encuentro amistoso.
Directorio
Lucas Sierra Iribarren
PresidenteIvana Peric Maluk
VicepresidentaBeltrán Undurraga Rodriguez
SecretarioLoreto Cox Alcaíno
TesoreraEmilio de la Cerda Errázuriz
DirectorPrimer directorio
Cristián Undurraga Saavedra
PresidenteBárbara Rozas Reinecke
VicepresidentaJuan lbáñez Gomien
SecretarioFrancisco Walker Martínez
TesoreroConstanza Michelson Martínez
DirectoraColaboradores
Agustina Labarca
Aïcha Messin
Aldo Mascareño
Álvaro Matus
Andrea Repetto
Anton zu Knyphausen
Antonio Lipthay
Arturo Fontaine
Ascanio Cavallo
Beltrán Mena
Consuelo Rodríguez
Daniel Hopenhayn
Daniel Mansuy
Ernesto Ayala
Eugenio Tironi
Francisco Arellano
Guillermo Zilleruelo
Isabel Aninat
Isabel Behncke
Jimena Eyzaguirre
José Bengoa
Josefina Araos
Juan Pablo Luna
Manuel Vicuña Urrutia
Martin Hopenhayn
Nicolás Grau
Pablo Oyarzún
Pedro Gandolfo
Rodrigo Pérez de Arce
Sylvia Eyzaguirre
Vicente Serrano
Manifiesto
“La amistad es el mayor bien para las ciudades”.
– Aristóteles. Política: Libro II
Vivimos, aquí y en otros lugares, en ciudades semejantes pero que se desconocen y desconfían. Tenemos códigos de información globalizados, pero no somos capaces de entendernos. Nuestros mensajes contienen información, pero detrás de ella no hay conocimiento. Lo que llamamos cultura es apenas barniz cultural o entretención o proliferación de consignas. Hemos confundido la información con el conocimiento y, entonces, lo que hacemos no nos mejora la vida. Las consecuencias de esta confusión –en la que trabajo y vida no se encuentran– son el desánimo y el descontento, que se manifiestan en tantas partes y de tantas maneras.
Frente a esto, proponemos un doble ejercicio –alerta y alegre– que hemos llamado Crítica y Celebración. Queremos observar, desde la alegría, que nuestras vidas pueden ser experiencias de conocimiento: “hacer las cosas bien y perseverar en la alegría”, nos dijo Spinoza. Pretendemos practicar lo que pensamos. Por eso, queremos que Crítica y Celebración dé cabida a oficios culturales diversos y miradas distintas. Estamos con Nicanor Parra, que dijo que había que “aprender a vivir en la contradicción, sin conflicto” y con Carla Cordua, que dijo que debiéramos “pensar menos en lo que somos y más en donde estamos”. Confiamos en que, desde nuestras diferencias, creyentes y agnósticos, liberales y orgánicos, conservadores y reformistas, podemos encontrarnos en una amistosa disputa por un bien común. ¿Quiénes, por ahora, no están? Los que se apartan de estas cosas y los que miran a los distintos como enemigos.
Se trata, en cambio, de mirarnos con ojos abiertos, críticos, atentos y –sobre todo– amigos; amigos de nosotros, de los otros y del tiempo duro en que vivimos. Somos animales históricos, capaces de levantar la mirada y decir lo que queremos ser “siempre que la amistad permanezca entre nosotros”. Así dijo Hölderlin, quien compartió con su coetáneo Beethoven la decisión de enfrentar el peligro y atreverse a ser humano, sabiendo que “en medio del peligro surge también lo que salva”. En ellos la experiencia del arte es inseparable de la política. En ese mismo ánimo queremos participar de lo que se está jugando en nuestro tiempo. Los humanos somos animales poéticos y políticos. Respondemos a la urgencia con calma: establecemos conversaciones, conferencias, cursos breves y puntuales; vemos cine, escuchamos música, leemos poemas y nos apoyamos en textos de pensadores y escritores decisivos.
Todo esto lo hacemos desde la Universidad. Ya para el rey Alfonso el Sabio, en el siglo XIII, la Universidad era “el lugar de actividades de maestros y jóvenes para aprender saberes”. Para Andrés Bello, en el origen de nuestra república, era el lugar en el que “todas las verdades se tocan”. Hoy, en medio de presiones y mediciones, la Universidad –en su espíritu– sigue siendo un lugar indispensable para apropiarnos de nuestra existencia individual y pública.
Esperamos estar a la altura del pasado que recogemos y de lo que el tiempo que vivimos nos demanda.